Midden-Amerikaanse kinderen op weg naar de Verenigde Staten

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Elke dag verlaten kinderen uit El Salvador, Guatemala, Honduras en Mexico hun huis en hun gemeenschap om de gevaarlijke reis naar het noorden, naar de Verenigde Staten, te ondernemen. Gedreven door geweld in hun land, de druk van bendes (pandillas en maras) en de wanhoop die armoede veroorzaakt, brengen zij hun leven in gevaar in de hoop een betere toekomst te vinden. Vaak hopen zij ook familieleden terug te zien die eerder zijn geëmigreerd.

Veel van deze kinderen reizen in zogenaamde caravanas: grote groepen mensen die onderweg veiligheid en steun bij elkaar zoeken. Tijdens de reis lopen zij voortdurend het risico slachtoffer te worden van uitbuiting of te worden aangehouden door autoriteiten zoals ICE (Immigration and Customs Enforcement), de Amerikaanse immigratiedienst. Bovendien worden veel kinderen, ook wanneer zij de grens bereiken, teruggestuurd naar hun land van herkomst terwijl hun asiel- of immigratiezaak wordt beoordeeld. Vaak komen zij dan terecht in omstandigheden die nog slechter zijn dan die waaruit zij probeerden te ontsnappen.

Eerst lezen we een fragment uit Los niños perdidos: un ensayo en cuarenta preguntas van de Mexicaanse schrijfster Valeria Luiselli. Dit fragment komt uit het eerste hoofdstuk, waarin Luiselli vertelt over haar werk als vertaalster voor de verdediging van migrerende kinderen bij de immigratierechtbank in New York. Daarna lezen we twee gedichten van de Salvadoraanse dichter Jorge Arguedas: ‘Los pintados’ en ‘El palabrero’. Deze gedichten gaan over de ervaringen van kinderen in een wijk in El Salvador.

Fragment 1 (essay)

«¿Por qué viniste a los Estados Unidos?». Ésa es la primera pregunta del cuestionario de admisión para los niños indocumentados que cruzan solos la frontera. El cuestionario se utiliza en la Corte Federal de Inmigración, en Nueva York, donde trabajo como intérprete desde hace un tiempo. Mi deber ahí es traducir, del español al inglés, testimonios de niños en peligro de ser deportados. Repaso las preguntas del cuestionario, una por una, y el niño o la niña las contesta. Transcribo en inglés sus respuestas, hago algunas notas marginales, y más tarde me reúno con abogados para entregarles y explicarles mis notas. Entonces, los abogados sopesan, basándose en las respuestas al cuestionario, si el menor tiene un caso lo suficientemente sólido como para impedir una orden terminante de deportación y obtener un estatus migratorio legal. Si los abogados dictaminan que existen posibilidades reales de ganar el caso en la corte, el paso siguiente es buscarle al menor un representante legal.

Pero un procedimiento en teoría simple no es necesariamente un proceso sencillo en la práctica. Las palabras que escucho en la corte salen de bocas de niños, bocas chimuelas, labios partidos, palabras hiladas en narrativas confusas y complejas. Los niños que entrevisto pronuncian palabras reticentes, palabras llenas de desconfianza, palabras fruto del miedo soterrado y la humillación constante. Hay que traducir esas palabras a otro idioma, trasladarlas a frases sucintas, transformarlas en un relato coherente, y reescribir todo eso buscando términos legales claros. El problema es que las historias de los niños siempre llegan como revueltas, llenas de interferencia, casi tartamudeadas. Son historias de vidas tan devastadas y rotas, que a veces resulta imposible imponerles un orden narrativo. «¿Por qué viniste a los Estados Unidos?». Las respuestas de los niños varían, aunque casi siempre apuntan hacia el reencuentro con un padre, una madre, o un pariente que emigró a Estados Unidos antes que ellos. Otras veces, las respuestas de los niños tienen que ver no con la situación a la que llegan sino con aquella de la que están tratando de escapar: violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso. No es tanto el sueño americano en abstracto lo que los mueve, sino la más modesta pero urgente aspiración de despertarse de la pesadilla en la que muchos de ellos nacieron.

Fuente: Valeria Luiselli, Los niños perdidos: un ensayo en cuarenta preguntas. Mexico: Editorial Sexto Piso.

 

Fragment 2 (gedichten)

El barrio la Campanera
La Campanera,
no tiene campanas.
Tiene pintados.

Los pintados.

Los pintados
aparecen por las noches,
Los pintados
aparecen por la tarde.
y por las mañanas.

Los pintados
aparecen a todas horas.
Los pintados
tienen los ojos duros.

En sus brazos, caras,
pechos y espaldas
viven, como culebras,
los tatuajes.
A mí me da miedo que
esas culebras me vayan a picar.

El palabrero

Es el jefe
Es el que dice a la clica:
Aquél, aquélla.
Yo no quiero ser aquél o aquélla.
Vámonos, le digo a mi papá.
Vámonos, le digo a mi mamá.
Vámonos lo más lejos
que podamos
de esas palabras.

Fuente: Jorge Argueta, Somos como las nubes, Canada: Groundwood Books, 2016.

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Fragment 1

  1. cuestionario de admisión
  2. cruzar la frontera
  3. el/la intérprete
  4. los testimonios
  5. entrevistar
  6. el orden narrativo
  7. el reencuentro
  8. las pandillas
  9. el sueño americano
  10. despertarse de la pesadilla

Fragment 2

  1. El barrio
  2. Las campanadas
  3. Los pintados
  4. Aparecer
  5. A todas horas
  6. Los ojos duros
  7. Las culebras
  8. El miedo
  9. La clica
  10. Aquál/aquélla

 

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